Quisiera contar aquí mi pequeño placer personal y es que a mi me gusta aquello de ir un día a la librería y pasar la tarde ojeando libros y leer brevemente las contraportadas y pensar 'Dios mío, todo está escrito!' y después recorrer el índice y descubrir que hay infinidad de temas interesantes que salen a la luz a través de un título concreto. Es como si se tratase de una muñeca rusa que se abre ante mis ojos para, poco a poco, llegar a lo más pequeño y concreto.
Si, me gusta comprar libros y aspirar el olor de sus páginas de camino a casa, ese olor a tinta y papel tan característico. Lástima que ni el bolsillo ni el espacio físico sea todo lo amplio que debiera pero bueno... También esto me recuerda que soy de esas personas a las que todavía les gusta ir a la biblioteca.
De pequeña podía pasar las tardes leyendo cómics sentada en el suelo... la bibliotecaria siempre me decía que me pusiese en las sillas y mesas que iba a coger frío y que además no dejaba pasar, pero yo, cuando acababa el libro volvía a por otro y me volvía a sentar en el mismo sitio.
Supongo que un día se aburrió de mí y me dejó por imposible. Y así llegó el día en que esa misma bibliotecaria me dijo que si quería podía ir a la sección de adultos, que allí encontraría otro tipo de libros que me podían gustar. Fue como explorar el paraíso. Ella me guió en historias de piratas, vampiros, amor y desamor. Me enseñó que los libros pueden hacerte sentir libre, pueden doler, pueden hacerte reír, ... y sobre todo pueden transportarte a una vida que no es la tuya y a otra que si lo es pero con personajes con otro nombre.
Ilustración : Sergio Membrillas extraída de 'Quadern d'agost' (estrella polar 09).
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