jueves, 11 de junio de 2009

Palabras y Perfumes


He encontrado esta entrada que considero está bastante relacionada con lo que he comentado alguna vez: que a la red le falta calor y bla bla bla.

Os dejo “un artículo” para que reflexionéis: me parece muy interesante el apunte que hace al final sobre la película y el libro “El perfume” de Patrick Süskind.

“Tócame”:

“El post que ahora mismo tienes ante los ojos también aparece conjunta e indisolublemente en la edición impresa de 20minutos. A simple vista, letra a letra, los dos textos dicen lo mismo. Sin embargo (y te invito a que hagas la prueba), si después de leerme en la pantalla de tu ordenador me vuelves a leer en el diario, en papel, creerás haberte enfrentado a dos textos radicalmente distintos.

Si bien es cierto que internet nos permite leer y ser leídos desde cualquier parte del mundo, la letra impresa posee un par de elementos mágicos imposibles de recrear con la tecnología: El tacto y el olfato. Los diarios, como los libros, se pueden tocar, acariciar, manosear; y también huelen. Huelen a tinta, a papel, a huellas dactilares o a manchas de café.

Tampoco es lo mismo leer mi columna arrugada, recién sacada de una papelera, que hacerlo a pie de imprenta y aun caliente. El texto es el mismo, pero el contexto lo cambia todo.

Quien se haya leído El Perfume, de Patrick Süskind, sabrá de lo que estoy hablando. Si sólo has visto la peli, no.”


Aunque a la Red le falta calor en las relaciones sociales personales, difiero en lo que un texto te puede hacer sentir dependiendo del medio. Son letras; letras en un libro, letras en la puerta del baño, letras en los sobres de azúcar, letras en la pantalla de un ordenador. Lo importante de las palabras es el significado y en el caso de “El Perfume” es la manera de describir con una fidelidad y delicadeza tál lo que hace que se te ericen los pelos. Esa redacción hace que sientas y casi puedas palpar algo que no está, pero no puedes; sólo puedes oler cuando algo huele, si lo lees te lo imaginas, puede parecer que estés viviendo una realidad pero no lo haces, son letras, es un sueño.

Bien es cierto que puedes oler un libro, pero es el libro lo que hueles, no la historia, es el portador de la historia, como la pantalla porta historias aunque huela a plástico.

Por cierto a la Red le falta calor, pero mi ordenador está que arde, no volveré a usarlo más de 5 horas diarias.

3 comentarios:

Fernanda Medina dijo...

Hola Pat, me ha encantado lo que transcribes, y yo también difiero de lo que dice, en el mismo sentido que tú. Palabras son palabras, en una carta, en una servilleta, en la palma de la mano, en la pantalla del Kindle. El poder de conmoción de las palabras no lo encierra la tinta ni el olor del papel, las palabras son como reactivos que se activan con nuestras vivencias, con nuestros recuerdos, con nuestros deseos y nuestros delirios. Y ese es el desencadente de la reacción, no el papel ni su olor ni su tacto.
Otra cosa es el fetichismo de los libros, que yo profeso, como tantos otros lectores devotos. Pero la relación con el libro como objeto sensual, como objeto de placer y deseo, que en efecto termina uniéndose y mezclándose con la relación que mantenemos con su contenido, con sus palabras, como pasa con todos los fetiches, no tiene en realidad mucho que ver con lo que sucede dentro de nosotros cuando lees. Creo yo.
Así que en mi opinión no hay que rasgarse las vestiduras con eso de la desaparición del libro.
Que no desaparecerá tampoco, porque sigue siendo el soporte más cómodo, portátil, durable y confortable que se ha inventado.
Ya veremos cuando haya pantallas flexibles a todo color que se pueden meter en un bolsillo dobladitas en cuatro lo que pasa...

Elena dijo...

Hola Pat y Fernanda, que gusto leeros.

Imaginar un día en que los libros pudieran desprender los olores que describen y que nosotros imaginamos, aunque sería complicado que acertasen. Mejor nos quedamos como estamos.

Ruth Becerril Gutiérrez (Artista visual inter-multidisciplinar, Gestora Cultural, Conservadora-Restauradora de pétreos) dijo...

Me habeis conmovido totalmente, pues pensé que no encontraría a otras más "locas" como yo....A mí que me cuesta llorar y los libros junto a las esculturas son los únicos que muchas veces lo consiguen sin mucho esfuerzo.
tocarles y olerles cerrando los ojos son mi perdición.
Recuerdo de pequeñita el momento que cerraban un convento y recibí en mis manos un libro destrozado del siglo XIX que hablado de las fuerzas interiores humanas, muy espiritual evidentemente, pero lo curioso es que no nombraba en ningún momento nada relacionado con la religión cristiana. nada más terminarlo mi propia mente creo una historia, una historia que hablaba de cómo un grupo de monjas habían conseguido a lo largo de los años esconden su secreto....ahora os dejo imaginar a vosotros...ahora entendeis porqué pienso que los libros puden hacernos soñar, llorar, hacernos inmortales, etc.
Y no es más libro, o más texto aquello impreso, sino un diario escrito a mano, una recopilación de fotografías comentadas, etc. lo que querais puede convertirse en tal formato gracias a vuestras ideas,porque lo que cuenta no es el formato siempre, sino el ocntenido.